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Texto MI PEQUEÑO Y QUERIDO JARDIN


Es preciso tener los ojos en el corazón, para observar la presencia divina en la más pequeña de sus cosas.

INDICE


Introducción                                      7
Flora                                                    11
            Cactos
            Flores
            Plantas Varias
Aves                                                   37
            Palomas
            Aves varias
            Colibríes        
Insectos y Caracoles                          69
Detalles y Rincones                           95



MI PEQUEÑO Y
QUERIDO JARDIN


Es asombroso ver como tanto, cabe en tan poco. Tanta vida, tanto drama, en tan pequeño espacio.

En sólo un área rectangular de 44 metros cuadrados, hemos podido crear en el hogar, un ambiente jardinado que nos permite estar en contacto con la verde vida de las plantas y el minúsculo mundo animal.

Hace un poco más de 20 años, con mi esposa y mis dos hijos, empezamos a darle forma. Sembramos guías del pasto San Agustín de la casa de mis suegros en Chihuahua capital, y todos los domingos destinábamos parte de la mañana a regarlas. Momentos que aprovechamos para convivir en familia y terminar empapados, enlodados y contentos.

Plantamos también un manzano y un ciruelo, le añadimos plantas decorativas, algunas macetas y para de contar.

Debo precisar que en sus inicios, este pequeño edén era unos cuantos metros más amplio de lo que hoy es. Teníamos una mesa de ping-pong, un asador, un perro, periquitos australianos y hasta una hamaca colgada entre dos saucos caprichosos.
Con los años,  cedió espacio a las ampliaciones de la casa. El manzano y el ciruelo desaparecieron consumi-dos por el tiempo. Los hijos se fueron.

Hoy, sin habérmelo propuesto conscientemente, este jardín se ha vuelto más complejo, más dinámico, más despeinado.

Espacios de sol y sombra. Una higuera generosa. Esculturas, enredaderas, bambú y madera; piedras, comederos y bebederos para las aves, abejas y algunos gatos trasnochados.

Caracoles, cochinillas, arañas, gusanos, lagartijas, grillos, alacranes, hormigas, campamochas, mariposas y mil insectos voladores, reptantes y sin nombre, conviven en un desorden ordenado.
Aunque aislado por cuatro paredes, no es ajeno al drama que en la lucha constante por la sobrevivencia se desarrolla desde el principio de los siglos. Vida y muerte...concepción, maternidad, celo, posesión, nobleza y plenitud se consuman cotidianamente.

Es mi jardín. Lo cuido y me cobija. Lo alimento y me cautiva.

Es, solamente y nada menos que... mi pequeño y querido jardín.


La fascinación por el verde,
proviene de una
atávica memoria del espíritu.

FLORA

¿Porqué verde llaman a la envidia
  si verde es el pasto y el follaje
  en donde retozan alegres
  las ardillas y los grillos?...

Esta es la primera estrofa de un pequeño poema titulado “¿Verde Envidia?” que escribí en el año 69, siendo estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana allá por el Distrito Federal.

En esas mismas fechas el hombre llegó a la Luna. Gran proeza en el ámbito tecnológico y gran retroceso en el idealismo romántico que volteaba a verla como el astro del amor, seguro y misterioso.

La luna pues, dejó de ser de queso. Los hombres, sintiéndose un tanto dioses, sin más fronteras que descubrir, se fueron alejando del espíritu...  Vietnam, cada vez más presente. Los hippies, en decadencia. Las máquinas empezaban a imponer estilos de vida metálicos, brillosos y atrayentes.

La cibernética se popularizó y abrió paso a un mundo sin fronteras, sin recato y sin espacios íntimos. En un simple parpadeo,  el cinismo y el desenfado se volvieron moneda de curso corriente.
Se manifestaron vientos turbulentos que impusieron grandes cambios sociales y tecnológicos. No siempre buenos, ni por supuesto, superiores.

Claro que con el tiempo, los problemas ecológicos, de repente nos golpearon en el rostro dejándonos pasmados.

Ahora empezamos a lamernos las heridas, y en algunos círculos se inicia el regreso a un orígen del que nunca nos debimos alejar.

Se procura que el ego ceda espacio a las acciones solidarias.

Y así, el verde empieza a retomar su significado original trascendiendo en el tiempo, en espera de poder ahogar en lo profundo del espítiru, la maldad y la ignominia.

Se inicia entonces, un renacer de los espacios con flora.  El género humano se recoincilia...

La esperanza es verde. ¡No la envidia!. Eso espero...


Lo más cercano a la 
serena libertad,
es el frágil vuelo de las aves.

AVES
En mi jardín son bienvenidos los seres emplumados. Gorriones, palomas incas, palomas huilotas y de ala blanca, colibríes, urracas, y un sin fin de pájaros migrantes conviven en mi espacio.

Esta primavera del 2002 una pareja de palomas huilotas o mourning doves (que aparecen en la foto), hicieron nido en la rama de un añejo sauco del jardín, lo que me permitió observar de cerca el ciclo de su vida.

Descubrí que la pareja comparte los quehaceres y responsabilidades de la crianza, con estoica solidaridad. Se alternan la vigilancia y empollado de los huevos, en tiempos iguales y precisos. Y ambos padres proveen de alimento y atención contínua a los polluelos.

Sabemos que el instinto les impone. Pero de cualquier manera, sus conductas nos mueven a la reflexión. Estamos seguros que serían muy buen ejemplo a seguir para muchos de nosotros y en especial a los jóvenes matrimonios.

Pero bueno, también en la bucólica existencia de las aves existen sus prietitos.  Acostumbraba alimentarlas con semillas que les esparcía diariamente, hasta que detecté que estaba generando con ello deplorables conductas humanas de acaparamiento, envidia, traición y violencia.
No faltaba por acá, el pájaro celoso que por no dejar comer a sus congéneres, se la pasaba ahuyentándolos, y ni comía, ni dejaba comer. O bien, el confrontamiento violento entre dos hermanos disputándose una semilla. O allá, el avaro que abría sus alas para con ellas proteger sin compartir, sus preciadas posesiones. 

Era un espectáculo muy triste...

Ahora dejo que ellos mismos se procuren su alimento y sólo les aporto para beber, una fuente de agua que todos comparten por igual. Es difícil entender que los humanos no debemos interferir en el ritmo de la naturaleza.
Renglón aparte son mis amigos los colibríes. Motitas de color que año tras año nos visitan y alegran nuestro panorama con sus desplazamientos energéticos, lineales y vertiginosos. Dotados de su principal fuente de calorías, no se dedican a otra cosa que jugar, amar y perseguir insectos.

Suspendidos en el aire por hilos invisibles, semejan ser títeres alados que nos traen un mensaje de vida. Que Dios los bendiga...


La multiplicidad de las
formas de vida en los
insectos, enajena los sentidos

INSECTOS Y CARACOLES

Para sobrevivir, el hombre ha tenido la capacidad de modificar su medio ambiente, y el insecto, la habilidad de adaptarse a esos cambios... Esta es la premisa que se demuestra en el largometraje documental  “La Crónica Hellstrom”, ganador del Oscar en 1971, año en el que por cierto, también Mexico ganó un Oscar con el cortometraje “Centinelas del Silencio”. 

Este documental, junto con un par de libros titulados: “La vida de las abejas” y “La vida de las termitas”, escritos por Maurice Maeterlinck, autor belga ganador del Premio Nobel de Literatura en 1911, y leídos en la biblioteca de mi padre cuando era un pequeño jovencito allá por inicio de los años sesentas, habrían de influir en mi manera de observar al mundo.

En esos tres registros se nos muestra un mundo silencioso, que aún y cuando cohabita en nuestro mismo espacio y tiempo, no lo percibimos, pero ahí está. Presente cotidianamente, con sus emociones y aventuras sin igual.

Para adentrarnos en este diminuto universo, es preciso detener un poco el ritmo, acuclillarse y agachar la mirada.
Allá abajo, en nuestros pies, protegidos por el anomimato que les da su pequeñez, se deslizan, reptan o saltan, miríadas de seres con el definido propósito de subsistir y perpetuar su especie.

Dominan por su número, las omnipresentes amigas hormigas, que incansables y laboriosas, recorren diariamente,  palmo a palmo, todo rincón del jardín.
Personajes singulares de este mi mundo en miniatura, son los caracoles, que con la casa a cuestas y segura lentitud, se bambolean parsimoniosamente durante las noches de humedad.

Todos cumplen puntualmente con su responsabilidad en la cadena alimenticia, todos aportan, todos reciben, todos concluyen su ciclo.



De las partes,
se conforma
el todo...

DETALLES Y RINCONES

Como lo comenté al principio de este libro, mi pequeño jardín se ha ido transformando con el tiempo.

Año con año, al inicio de la primavera, junto con mi esposa, nos dedica-mos a reponer las plantas que sucumbieron al invierno.

Visitamos el invernadero del primo y salimos cargados de plantas, abono, tierra y macetas.

Con el tiempo, además, se han ido acumulando objetos y momentos, que ahora ocupan un lugar preponderante en el jardín.

Piedras volcánicas de la agreste sierra chihuahuense, rosas de arena del desierto de samalayuca, la cruz que nos regaló el hijo, la higuera cuyos frutos hacen la delicia de la hija y el nieto en vacaciones; están también las macetas que nos regaló la suegra, la escultura fallida en bronce, los mosaicos primerizos, la guacamaya del amigo Pérez, la planta que presidió la ceremonia matrimonial de Shawn y Manola y el eco de las risas del nieto... todo, todo, nos genera buenas vibraciones.

En este clima inhóspito, desértico y extremoso, nuestro pequeño espacio es un oasis en donde recargamos las baterías que se van consumiendo con el diario estrés.

En primavera lo remodelamos, lo cultivamos, lo redecoramos. En verano lo regamos, lo acicalamos, lo recolectamos. En otoño, lo limpiamos, lo reforzamos, lo apapachamos.  En invierno, lo protegemos, lo podamos, lo esperamos. Y durante todo el año, lo aprovechamos, lo utilizamos...¡lo disfrutamos!. Es nuestro jardín. Es nuestro recuerdo. Es...


Fotografía, textos y diseño: Juan Manuel Monroy del Río

Escrito y diseñado en una computadora laptop
Sony Vaio PCG-FX370.

La fotografía se realizó con una cámara digital
Sony DSC-F707, Cybershot de 5.0 megapixeles.

Software utilizado:
Photoshop 7.0 y Quark XPress 4.0

Impreso en una Epson 1280, en papel Epson Matte Heavyweight.

Si se desea la reproducción de alguna de las fotografías, solicitarlas al autor a través de su correo electrónico: monroydelrio@yahoo.com

Este libro se elaboró en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Y se terminó de imprimir el 18 de septiembre del año 2002.

Queda prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio, sin consentimiento expreso del autor.

Copyright © 2002 Juan Manuel Monroy del Río
Derechos Reservados.

Propósito

Es preciso tener los ojos en el corazón,
para observar la presencia divina
en la más pequeña de sus cosas.

Es asombroso ver como tanto, cabe en tan poco. Tanta vida, tanto drama, en tan pequeño espacio.

En sólo un área rectangular de 44 metros cuadrados, hemos podido crear en el hogar, un ambiente jardinado que nos permite estar en contacto con la verde vida de las plantas y el minúsculo mundo animal.

Hace un poco más de 20 años, con mi esposa Cecilia y mis dos hijos, Manola y Juan Alfredo, empezamos a darle forma. Sembramos guías del pasto San Agustín de la casa de mis suegros en Chihuahua capital, y todos los domingos destinábamos parte de la mañana a regarlas. Momentos que aprovechamos para convivir en familia y terminar empapados, enlodados y contentos.

Plantamos también un manzano y un ciruelo, le añadimos plantas decorativas, algunas macetas y para de contar.

Debo precisar que en sus inicios, este pequeño edén era unos cuantos metros más amplio de lo que hoy es. Teníamos una mesa de ping-pong, un asador, un perro, periquitos australianos y hasta una hamaca colgada entre dos saucos caprichosos.

Con los años, cedió espacio a las ampliaciones de la casa. El manzano y el ciruelo desaparecieron consumidos por las plagas. Los hijos se fueron…

Hoy, sin habérmelo propuesto conscientemente, este jardín se ha vuelto más complejo, más dinámico, más despeinado.

Espacios de sol y sombra. Una higuera generosa. Esculturas, enredaderas, mosaicos, bambú y madera; piedras, comederos y bebederos para las aves, abejas, avispas y algunos gatos trasnochados.

Caracoles, cochinillas, arañas, gusanos, lagartijas, grillos, alacranes, hormigas, campamochas, mariposas y mil insectos voladores, reptantes y sin nombre, conviven en un desorden ordenado.

Aunque aislado por cuatro paredes, no es ajeno al drama que en la lucha constante por la sobrevivencia se desarrolla desde el principio de los siglos. Vida y muerte...concepción, maternidad, celo, posesión, nobleza y plenitud se consuman cotidianamente.

Es mi jardín. Lo cuido y me cobija. Lo alimento y me cautiva.

Es, solamente y nada menos que... mi pequeño y querido jardín.